jueves, 26 de enero de 2017

El espectro independentista

En este punto de nuestra historia reciente, decir que sorprende un desatino llevado a cabo por nuestros “responsables” políticos del Govern de Cataluña, por grande que este sea, sería tanto como mentir porque, en ese sentido concreto, ya acreditan un historial que no se lo salta un galgo. Pero, ya que la tarde no me ofrece un pasatiempo mejor que escribir, voy a dejar constancia de los primeros interrogantes que me han sobrevenido a la mente cuando una consejera de Puigdemont ha espetado, en sede parlamentaria (¡poca broma!), que los funcionarios deberían hacer fiesta el próximo 6 de febrero habida cuenta del juicio al que serán sometidos tres políticos de su cuerda ideológica: ¿qué quiere esta gente independentista?, ¿ambicionará hacer un censo de funcionarios afines?, ¿querrá hacerlo al lamentable estilo de aquellos irresponsables que fueron puerta por puerta a lo largo y ancho de Cataluña en el 2014 bajo el lema “9N, ara és l’hora, fem un país nou”?, ¿de verdad cree oportuno que, para tapar las vergüenzas de Artur Mas y dos de sus subordinadas, los hospitales, colegios y residencias de ancianos se queden sin médicos, maestros y asistentes sociales por miedo a ser señalados como malos patriotas aparte de malagradecidos? Llegado a este extremo y después de tales preguntas, me voy a tomar la licencia de proseguir con los signos de interrogación: ¿habrá alguien, en el exacto momento en que esto lea, al que no le haya asomado ya por el centro de su imaginación un genio con apariencia de “Molt Honorable Jordi Pujol” señalando “malos catalanes” a diestra y siniestra?
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