domingo, 13 de septiembre de 2015

Delirio meridiano

El pasado viernes se celebró esa Diada de Cataluña en la que solo los independentistas son capaces de pasar por los reyes del cotarro como si algún ser divino así lo hubiese establecido por los siglos de los siglos. Y si no parece muy sensato apelar a la primorosa moderación de esta gente en cualquier otro momento del año, llegado este señalado día se convierte en toda una misión imposible. Así que, cuando concluyen esas peripatéticas puestas en escena que monta desde hace unos años por estas fechas para lanzar su mensaje al “mundo”, tiene por costumbre añadir correligionarios independentistas a los muchos que realmente tiene este movimiento político. Por supuesto, todo lo anterior lo hace sin mencionar cómo utiliza partidistamente las instituciones públicas y sus dineros en beneficio del independentismo. En cambio, esta gente repite con una cadencia convulsiva que los asistentes a sus manifestaciones se han de contabilizar por millones. De modo que todas las maquinarias de Cataluña engrasadas con subvenciones públicas, que no llegan al millón pero por ahí deben andar, lanzan millones de manifiestos asegurando que millones de manifestantes independentistas abarrotaron este año la avenida Meridiana. Sin embargo, ninguno de los paniaguados del régimen imperante en Cataluña ha enseñado aún un solo metro cuadrado de los 182000 del lugar en cuestión con 11 independentistas metidos en él y muy pocos han sido los que, verdaderamente, se han atrevido a mostrar aquellos espacios en los no había nadie (sobre todo espacios ocultos a la perspectiva cenital) o con muy pocos manifestantes (como la megaplaza de Les Glories y lugares adyacentes). En conclusión, esta gente es muy dueña de seguir inflando artificialmente su “movimiento”; pero, conviene que el resto de ciudadanos de Cataluña, de España, de Europa y de todos los países del mundo tenga presente que con esta gente independentista por en medio, las únicas cuentas que salen son las de los millones de euros que marchan sistemáticamente del erario público para mantener su delirio político y las de los millones de veces que degrada la democracia en la calle y en todas las instituciones públicas en que gobierna.

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